Aficionados del estudio de los hongos ayudan a científicos a conocerlos mejor
Feb 17, 2026
Por DORANY PINEDA
ANGWIN, California, EE.UU. (AP) — Jessica Allen caminaba entre las hojas caídas de los árboles de manzanita en busca de algo que pocos han visto: un cúmulo amarillento de hongos manzanita —un hongo amarillo raro y poco conocido que, hasta ahora, sólo ha sido encontrado en l
as costas occidentales de América del Norte—.
Fue visto por última vez aquí, en el condado de Napa, California, hace dos años, y Allen, una micóloga —científica especializada en hongos—, estaba ansiosa por encontrarlo. Pero en cuestión de minutos, otra cosa llamó su atención. Se arrodilló, miró a través de una lupa y observó de cerca una roca: líquenes —que son un tipo de hongo— rebosantes de formas, texturas y colores deslumbrantes.
“¡Es tan fácil distraerse, pero (es que) hay tantos líquenes!”, dijo emocionada.
“Esa fue una buena roca”, dijo la ecologista Jesse Miller, presidenta de la Sociedad de Líquenes de California.
“OK, ¡vamos a buscar hongos!”, exclamó.
Allen y Miller están fascinadas por lo que describen como el maravilloso y místico mundo del reino Fungi —el de los hongos—, y forman parte de una creciente comunidad que trabaja para protegerlos.
Casi todas las formas de vida dependen de los aproximadamente 2,5 millones de especies de hongos que existen en la Tierra, y estos contribuyen con aproximadamente 54 billones de dólares anuales a la economía mundial en forma de alimento, medicina y más, según un estudio publicado en la revista científica Springer Nature. A pesar de su papel esencial, los esfuerzos de conservación los han ignorado en gran medida aunque enfrentan crecientes amenazas debido a la contaminación, la pérdida de hábitat y el cambio climático. Esto ha cambiado en la última década gracias, en parte, a la ciencia ciudadana y a una mayor comprensión de la diversidad de los hongos.
“Es un momento muy emocionante para la conservación de los hongos”, expresó Allen, micóloga de NatureServe, un centro de datos sobre biodiversidad a lo largo de buena parte de América del Norte. En esa capacidad, Allen ayuda a acelerar y apoyar la conservación de los hongos en Estados Unidos y Canadá.
Investigadores aficionados desempeñan un papel clave en la conservación
Los hongos no son plantas ni animales. Son un enorme reino de formas de vida que incluye las levaduras (esenciales para los panes, los quesos y el alcohol), los mohos (la sustancia vellosa de las frutas olvidadas), los líquenes (una simbiosis de hongos y algas o cianobacterias) y las setas (que van desde las comestibles hasta las psicodélicas y las que resultan mortales). Se encuentran entre los principales agentes de conexión y descomposición del planeta. Los bosques los necesitan, y muchos animales dependen de ellos para alimentarse y anidar.
Los humanos hemos obtenido medicamentos —como la penicilina— a partir de los hongos. Algunos se utilizan como material de construcción o pueden almacenar carbono, un factor en el calentamiento global. Pero los científicos sólo han documentado unas 155.000 especies —alrededor del 6% de los millones que creen que existen—.
La conservación comienza por saber qué especies hay, dónde están, cómo se encuentran y cuáles son sus amenazas, lo cual requiere presencia sobre el terreno para que los conservacionistas evalúen las especies en peligro y dónde destinar recursos.
Ahí es donde grupos como la Sociedad de Líquenes de California entran en juego.
“Suelen ser las personas que hacen los descubrimientos más importantes, y son quienes vigilarán esas especies raras a lo largo del tiempo”, comentó Allen.
En un día frío reciente, decenas de botánicos especialistas en líquenes y aficionados a los líquenes se dispersaron por una reserva para observar de cerca rocas y árboles. Estas incursiones anuales son en parte búsqueda del tesoro, en parte excursión para recopilar datos y en parte senderismo por la naturaleza —aunque los exploradores no suelen llegar muy lejos—.
Cada liquen polvoriento, frondoso o ramificado es una invitación a un mundo en miniatura donde abundan los “¡Wow!”, “¡¿Qué demonios?!” y “¡Dios mío!”.
Como lo expresó el químico Larry Cool: “Los liquenólogos son pésimos compañeros de senderismo” porque todo el tiempo se detienen a observar.
El interés de Cool por los líquenes se remonta 53 años atrás, al día en que descubrió que se pueden usar como pigmentos naturales. “Los líquenes son más que la suma de sus partes y son misteriosamente impredecibles”, dijo. “Disfruto mucho viendo la increíble variedad de la creación”.
Ken Kellman también es un liquenólogo amateur, pero uno no se daría cuenta de ello debido a su inmenso conocimiento. Siendo un reparador de aire acondicionado y calefacción ya jubilado, se ha apasionado por ellos desde hace 10 años y ha aprendido tanto por su cuenta como de sus amigos. Esa obsesión ha ayudado a los científicos a descubrir la biodiversidad en Santa Cruz, California, su ciudad natal.
“Simplemente mantiene tu cerebro en ese estado en el que dices: ‘¡Wow!’ todo el tiempo. ’¡Qué genial!’. Y ese es el lugar que más me gusta para mi mente”, agregó.
Conservación de hongos en EEUU “todavía está muy rezagada”
Gregory Mueller ha dedicado gran parte de su carrera a la conservación de hongos. Como copresidente del comité de conservación de hongos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), coordina todas las actividades para la protección de hongos a lo largo de su red global.
Según la Lista Roja de la UICN de Especies Amenazadas, 411 de las 1.300 especies de hongos evaluados en todo el mundo están en peligro de extinción. Algunas partes de Europa y otros lugares se han centrado en la conservación de hongos desde hace décadas, pero en Estados Unidos “todavía está muy rezagada”, dijo Mueller. Sólo dos especies de hongos —ambas líquenes— están protegidas por la Ley de Especies en Peligro de Extinción —que es federal—, mientras que algunos estados como California cuentan con protecciones legales, y otros, como Nueva Jersey, las han incluido en sus planes de conservación.
Esto ya cambia, aunque lentamente, en parte gracias al aumento de las iniciativas de ciencia comunitaria en Estados Unidos y en el extranjero.
“Hay muchos micólogos aficionados… que documentan (hongos) con fotografías, publican sus imágenes en iNaturalist y en nuestro Mushroom Observer. Y hemos podido utilizar esos datos para documentar mejor la diversidad fúngica”, señaló. “Estamos empezando a tener una idea de qué especies podrían estar en problemas”.
Científicos aún están aprendiendo sobre los hongos y las amenazas que enfrentan
La mayoría de los hongos pasan desapercibidos: viven casi toda su vida ocultos como una vasta red filamentosa llamada micelio, y producen la parte visible —el llamado cuerpo fructífero— sólo cuando las condiciones son las adecuadas.
Esa es una de las principales razones por las que sabemos tan poco sobre ellos, manifestó Nora Dunkirk, botánica y micóloga del Instituto de Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Portland, quien trabaja para documentar especies vulnerables de plantas y de hongos para contribuir a los esfuerzos de conservación.
Entre sus mayores amenazas se encuentra el cambio climático. Los cambios en los patrones de lluvia, el aumento de las temperaturas y el agravamiento de los incendios forestales pueden arrasar con ellos o perturbar la delicada relación entre los bosques y los hongos beneficiosos. Los periodos prolongados de inundaciones los privan del oxígeno que necesitan. La tala, el desarrollo urbano, los insectos invasores y la contaminación también amenazan a las especies.
Además, está la sobreexplotación. Por ejemplo, el hongo de la quinina o agárico blanco, que tiene el tamaño de una toronja y es muy longevo, ha sido incluido en la lista de especies de hongos en peligro de extinción en Europa desde la década de 1980, en parte porque las personas los han recolectado en exceso por sus propiedades medicinales.
“Este organismo crece en alerces por toda Europa, así que la gente lo considera un recurso valioso y lo aprovecha”, añadió Dunkirk. “Pero esta especie en particular ha sido explotada hasta su detrimento”.
Quizás la historia de conservación más conocida relacionada indirectamente con hongos en Estados Unidos ocurrió en la década de 1990. La lechuza moteada del norte estaba en peligro, y las autoridades se dieron cuenta de que, para salvarla, debían gestionar todos los ecosistemas de los bosques primarios de los que dependía, incluidos los hongos.
Con el Plan Forestal del Noroeste de 1994, el gobierno federal estableció normas para proteger unas 400 especies raras y poco conocidas en tres estados.
De regreso en California, Allen y sus amigos amantes de los hongos continuaban su búsqueda del esquivo cúmulo amarillento de hongos manzanita. Lo buscaron por empinadas laderas y junto a un arroyo, siempre muy cerca de sus pies.
Nunca lo encontraron.
Pero eso pasa cuando usted busca algo tan efímero e impredecible como los hongos.
“¿Cuántos de mis días han terminado así? Muchos”, dijo Allen. “Aun así, fue un gran día”.
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The Associated Press recibe apoyo de la Walton Family Foundation para su cobertura de políticas ambientales y del agua. La AP es la única responsable de todo el contenido.
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