La magnitud y violencia de las protestas en Irán recuerdan al caos de la Revolución Islámica de 1979
Jan 14, 2026
Por JON GAMBRELL
DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos (AP) — En cuestión de días, las protestas que desafían a la teocracia iraní a nivel nacional derivaron en una represión y un derramamiento de sangre que superó con creces las cifras de víctimas reportadas de décadas de manifestaciones en el
país.
Este nuevo nivel de caos evoca los convulsos días que rodearon al nacimiento de la República Islámica en 1979. Y representa quizás el mayor riesgo para la teocracia de Irán desde esa revolución: ahora enfrenta a una población cada vez más dispuesta a desafiar a un gobierno que lleva mucho tiempo dispuesto a usar la violencia para reprimir la disidencia.
En el período previo a la revolución, Irán fue testigo de batallas callejeras entre las fuerzas leales al sha Mohammad Reza Pahlavi, respaldado por Estados Unidos, y manifestantes. También formaban parte de ese movimiento ataques contra cines, clubes nocturnos, intereses estadounidenses, funcionarios iraníes y minorías. Cada nuevo duelo por la muerte de manifestantes provocada un nuevo ciclo de protestas. Eso acabó por sacar a millones de personas a la calle y empujó al monarca, gravemente enfermo de cáncer, a huir.
El ayatolá Ruhollah Jomeini, exiliado en Francia, regresó a Irán y pronto se hizo con el control de los resortes del poder bajo su visión de “Velayat-e Faqih”, o la “tutela del jurista”. Muchos no comprendieron del todo lo que vendría después.
Le siguieron la ejecución de miles de exfuncionarios gubernamentales y militares, escritores y activistas, entre otros. Y se libró, durante ocho años, una sangrienta guerra iniciada por Irak. Se impuso el uso obligatorio del hiyab, o pañuelo, para las mujeres. Pronto llegaron décadas de tensión con Estados Unidos, especialmente después de la toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979 y la crisis de rehenes de 444 días que influyó en el resultado de unas elecciones a la Casa Blanca.
Invocando la revolución de 1979
La teocracia de Irán recuerda aquellos días caóticos posteriores a la revolución. Y es muy consciente de su influencia en la actualidad.
En los últimos días, la televisora estatal ha emitido imágenes de archivo de los disturbios de principios de la década de 1980, cuando combatientes aliados con los insurgentes llamados Mujahedeen-e-Khalq, o MEK, rompieron con Jomeini y fueron culpados de una serie de importantes atentados y asesinatos.
Las autoridades también han reciclado otra frase de aquella época para referirse a los detenidos tras las protestas actuales, que comenzaron el 28 de diciembre. El fiscal general y otros se refieren a ellos como “mohareb”, o “enemigos de Dios”.
Esa acusación conlleva la pena de muerte. Se utilizó, junto a otros cargos, para llevar a cabo ejecuciones masivas en 1988 en las que, según reportes, habrían muerto al menos a 5.000 personas. Los manifestantes progubernamentales corean ahora “¡Marg bar monafegh!”, o “¡Muerte a los hipócritas!”, otra frase de los 80 aplicada durante mucho tiempo al MEK.
Estas referencias al pasado señalan algo destacable: la preocupación del gobierno por lo que está sucediendo y sus esfuerzos por intentar cambiar su descripción de las protestas, que comenzaron por el enojo de los comerciantes ante la caída del rial a 1,4 millones por dólar. Cuando se produjo la revolución en 1979, un dólar equivalía a alrededor de 70 riales.
En un primer momento, el presidente reformista, Masoud Pezeshkian, parecía dispuesto a negociar con los manifestantes. El gobierno modificó drásticamente un sistema de cambio de divisas subsidiado que había estado plagado de acusaciones de corrupción. Y ofreció a los cabezas de familia el equivalente a siete dólares mensuales para cubrir el vertiginoso aumento del precio de los alimentos.
Pero tan pronto como las manifestaciones masivas se intensificaron la semana pasada, la teocracia recurrió a viejas tácticas: cortó el acceso a internet y las líneas telefónicas al extranjero. Además, las fuerzas de seguridad participaron en lo que parece ser una represión sangrienta con fuego real y otras armas para sofocar las protestas, según videos publicados en internet y testimonios recopilados por activistas.
La situación es distinta a la de los últimos años, pero ¿por qué?
Todavía no está claro por qué el derramamiento de sangre en esta ocasión ha sido mucho mayor que en oleadas anteriores de disturbios, como las movilizaciones por la muerte de Mahsa Amini en 2022 o las protestas del “Movimiento Verde” de 2009.
La capacidad de The Associated Press para evaluar de forma independiente el alcance de las manifestaciones y la violencia posterior ha sido limitada, igual que la de gran parte del resto del mundo, por las restricciones que Irán impone desde hace tiempo a los periodistas y el bloqueos de las comunicaciones por parte del gobierno.
Pero puede haber influido que las protestas tocaron cuestiones económicos, algo que atraviesa las divisiones políticas, étnicas y religiosas entre los 85 millones de habitantes del país. Es posible que los más conservadores sigan enojados por la guerra de 12 días, en la que se atacaron instalaciones nucleares, arsenales de misiles y a altos mandos militares.
Otra posible razón: el tamaño y el alcance de las protestas en sí, sobre todo teniendo en cuenta que las autoridades advirtieron repetidamente que las concentraciones eran ilegales y mostraron su disposición a usar la fuerza.
Antes de la caída del sha, por ejemplo, millones de personas salieron a las calles en todo el país durante la conmemoración del duelo sagrado chií de la Ashoura en diciembre de 1978. El monarca no restringió las procesiones, que incluían cánticos de “¡Muerte al sha!”. Esa jornada terminó sin que las fuerzas de seguridad dispararan contra las marchas. El sha volvió a sacar los tanques y tropas a las calles después, pero eso quebrantó su determinación.
Esta vez, el gobierno no ha reconocido la magnitud de las manifestaciones. Pero organizó su propia movilización progubernamental el lunes que llevó a decenas de miles a la calle.
La teocracia también intensificó su retórica contra los manifestantes, describiéndolos como “terroristas” y alegando que Israel y Estados Unidos son los responsables de su organización, sin ofrecer pruebas. En su día, el sha también acusó a los “marxistas islámicos”, comunistas y otros de sus problemas, llegando a decir que “Si levantas la barba de Jomeini, encontrarás ‘Hecho en Inglaterra’ escrito debajo de su barbilla”.
Por supuesto, hay diferencias notables entre entonces y ahora. En la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado su disposición a usar la fuerza para intervenir. Las naciones occidentales han condenado a Irán, que sigue asfixiado por las sanciones contra su programa nuclear y otros asuntos.
Pero si los años en torno a 1979 sirven de referencia para las movilizaciones de enero, presagian más problemas para Teherán, incluso aunque su teocracia crea que ha sofocado las manifestaciones con éxito antes de que alcancen un punto sin retorno.
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NOTA DEL EDITOR — Jon Gambrell, director de noticias de The Associated Press para el golfo Pérsico e Irán, informado desde cada uno de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, Irán y otros lugares de Oriente Medio y el mundo desde que se unió a la AP en 2006.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.
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